martes, 19 de junio de 2012

Trabajando la imagen de un sueño

A la hora de adentrarme en un sueño, me recuerdo las actitudes de un niño. Recuerdo a hijos/as de amigos/as cercanos y conecto con la facilidad con que se sorprenden  y con la espontaneidad y autenticidad de sus acciones.


Puedo decir, aquí y ahora, que estas aptitudes son las que rescato, si es que las tengo muy enterradas en mis adentros, cuando me dispongo ante un sueño e inicio la voluntariosa tarea de adentrarme en los polémicos y poliédricos significados en él existentes.

En esta entrada expondré una forma de trabajo respecto a un sueño, aunque en apariencia simple ya que sólo era una imagen,  fiel espejo de una serie de actitudes a desarrollar por mi parte.

EL SUEÑO

En la noche del miércoles al jueves 7 de junio me desperté, con el recuerdo claro de una imagen, un dibujo rupestre, primitivo, de un animal, que a diferencia de estar bien definido, era una mezcla de toro, antílope y caballo.

A la hora de dibujarlo, no intenté reproducir de forma fidedigna la imagen del sueño, sino que trate de expresar la energía de la imagen del sueño, energía con la que había conectado antes de iniciar el dibujo con una meditación en la que visualizaba la figura de mi sueño.
Al finalizarlo, lo colgué en una pared de mi habitación y durante una semana, cada vez que éste captaba mi atención, me detenía a contemplar el dibujo sin intención alguna, solo la de acercarme a sus formas, sus colores y su idiosincrasia.

Tras unos 10 días de "seducción mutua" y de preguntarme para qué apareció en mis sueños tal imagen, me dispuse a sumergirme en su mar de significados.

¿Y qué hice?

Aquí voy de detallar los pasos y las revelaciones que tuve.

Primero de todo, con el dibujo arriba expuesto, me senté unos minutos meditar, tras los que me puse a observar la imagen teniendo en cuenta diversos aspectos de mi mismo.
Mi atención, a modo de observador, se centro en los siguientes puntos.

  • ¿Qué es lo que más destaca del dibujo?
  • ¿Qué palabras me viene al pensamiento de forma espontánea?
  • ¿Qué imágenes visualizo de forma repentina?
  • ¿Qué sensaciones corporales percibo?
Respetando el guión, anoté todas aquellas cosas de las que me dí cuenta. 
Seguidamente me formule una serie de preguntas, dirigidas al dibujo y que respondería permitiendo que lo primero que me viniera a la cabeza, por descabellado que pareciera, fueran la respuestas.

Estas son las preguntas:
  • ¿Qué eres?
  • ¿Cómo te llamas?
  • ¿Para qué has aparecido en mi sueño?
  • ¿Qué has venido a decirme?
  • ¿Qué necesitas o cómo te puedo ayudar?
  • ¿Qué mensajes tienes que darme?
Evaluación y conclusiones:
El trabajo con la imagen del sueño me acercó a contactar con un inherente rasgo psicológico de carácter expansivo y explosivo que se pierde sino tiene un foco, una meta o un objetivo y que se detiene con la duda y el análisis. Vaya combinación!!!

Y qué puedo hacer con la sabiduría transmitida por el sueño
Tras el trabajo con el sueño permanecí reflexionado sobre todo lo aconteció a lo que me marque dos tareas.

Dibujar una diana como recordatorio y metáfora del foco al que dirigir la energía que contiene la imagen del sueños.

Durante 7 días seguidos, visualizarme junto con el animal, tocándolo y acariciándolo como forma de estar conectado con mi energía interna proyectada en el animal y como modo de  usarla para alcanzar mis metas.


Espero y deseo que el trabajo aquí expuesto os pueda servir de guía de trabajo para vuestros sueños ya que las preguntas que me planteé y los aspecto de mi mismo a los que dirigí mi atención son extrapolables a cualquier sueños.

Saludos cordiales


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